Celebrando a Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013), uno de los arquitectos mexicanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX -quizás el mayor- y quien diseñó precisamente el Museo de Arte de Ciudad Juárez, esta exposición analiza la genealogía arquitectónica en la que se inscribe el propio museo juarense, al presentar un linaje de 9 museos y 5 edificios emblemáticos del mismo autor, todos ellos circulares. La obra de Ramírez Vázquez es mejor conocida por edificios icónicos de la modernidad en nuestro país, los más famosos el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe o el Congreso de la Unión, aunque su prolífica carrera abarcó desde infraestructura escolar y hospitales, hasta inmuebles corporativos y secretarías, y especialmente museos (con 5 pabellones, 16  museos y otro tanto de proyectos en su currícula).

 

Modernidad Fronteriza

 

 

Construido por Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares en 1962, el MACJ es uno de los primeros prototipos museísticos de estilo funcionalista orgánico en México, apenas precedido por la Galería de Historia anexa al Castillo de Chapultepec (1960). Esta última, también de Ramírez Vázquez, concebida como rampa circular, ineludiblemente hace referencia al paradigma arquitectónico de los museos modernos: el Guggenheim de Nueva York, construido en espiral por Frank Lloyd Wright en 1959. La Galería de Historia (1960), el MACJ (1962-1964) y el Museo de Arte Moderno (1964) representaron nuevos referentes en la obra de Ramírez Vázquez, quien a partir de entonces proyectaría una decena más de recintos expositivos con volumetría circular, como parte de su extensa trayectoria museística y entre otros inmuebles públicos y privados asimismo curvilíneos.

 

 

 

 

Aunque si bien experimentaría con los planos elípticos, cabe aclarar que Ramírez Vázquez no se adentraría en un estilo orgánico en sus obras. Prueba de su múltiple inventiva es el Museo Nacional de Antropología e Historia, inaugurado en 1964 al igual que el MACJ y el MAM, pero a diferencia de ellos, se trata de un complejo de salas rectangulares distribuidas alrededor de un patio central. Dicho sea de paso, aquel fue un año muy importante para los museos mexicanos, durante el que también abrirían sus puertas el Museo Diego Rivera Anahuacalli, el de Historia Natural y el de la Ciudad de México (este último en un palacio colonial cuya restauración estuvo a cargo de  Ramírez Vázquez). A veces un tanto convencional, otras más brutalista, pero siempre atento a inspirarse del contexto propio de cada proyecto y detalles o formas que puedan aludir a la tradición, Ramírez Vázquez fue sobre todo un funcionalista.